La mariposa de Oriente


¿Somos los periodistas médicos o prostitutas?
junio 9, 2011, 2:57 pm
Filed under: Empresas y ética, Empresas y entorno, Empresas y regulación


Las empresas informativas se enfrentan quizás a una mayor regulación que otras empresas. Su producto es de vital importancia para la sociedad en general: en términos de mercado, en términos culturales, en términos (permítanme la redundancia) sociales, tecnológicos, ecológicos (como vimos en el post anterior), etc. Pero también en términos políticos, jurídicos y, en definitiva, constitucionales. Esto es, la información permite la existencia del Estado Democrático: los ciudadanos tienen que estar informados para votar y controlar a las instituciones públicas que lo conforman. Asimismo, el artículo 20.1 CE en sus apartados a) y d), que recoge las libertades de información y expresión, fundamentales para nosotros, los periodistas, entra en constante conflicto con otros derechos fundamentales:

“La tensión entre los derechos de la personalidad del art. 18 y el de libertad de expresión ha sido contante fuente de conflictos; hasta ahora, la prevalencia de las libertades de expresión ha sido la regla general, y ello no es negativo, las libertades de expresión son básicas en un estado democrático, pero no lo es menos la defensa de la personalidad del ser humano. La libertades de expresión e información, han de estar inspiradas por los principios de veracidad, interés público y tratamiento adecuado de lo que se divulga; la veracidad, que no verdad, exige una comprobación razonable de la noticia, al margen de que puedan producirse errores, y esto también es predicable de los comentarios que se hacen de personas en concreto, y máxime cuando se vierten desde programas televisivos donde se pretende ejercer el derecho a la información”. (Cuestión de honor; por Enrique López, Magistrado)

Así, los periodistas se enfrentan a dos retos: 1) no violar los derechos del honor, la intimidad, la imagen y de los menores y 2) sostener la democracia informando a los ciudadanos y concienciándolos de forma crítica.

En lo que se refiere al primer caso, los ciudadanos pueden, por tanto, reclamar individual o colectivamente (si se trata de un colectivo o asociación afectada) la protección de estos derechos fundamentales, que, como he dicho anteriormente, suelen entrar en conflicto con el derecho de la información. Y es que la consideración social y moral, y dignidad de los individuos es fundamental para la convivencia en la sociedad y, por tanto, para el Estado.

“Nos enfrentamos a programas de televisión en los que se discute sobre la orientación sexual de una persona, o sobre sus relaciones familiares, o sencillamente se siembran dudas sobre todo ello, o vemos cómo se procede a detenciones de personas sin tratar de evitar que se produzca el menor menoscabo de su fama o reputación. El honor es un bien inmaterial, que se asocia al concepto de dignidad humana, que consiste en el buen nombre que tiene una persona por su comportamiento individual y social. El cuestionamiento injusto y desmedido de la fama y reputación de una persona se convierte en la peor de las cárceles. (…) Como diría Ortega y Gasset, hemos evolucionado del honor al contrato como garantía del cumplimento de nuestras obligaciones, pero ello no supone que el honor y su defensa también deban hacerse bajo contrato; una sociedad democrática tiene que garantizar el honor de sus ciudadanos de forma especial, porque el honor y la intimidad conforman la personalidad del ser humano”. (Cuestión de honor; por Enrique López, Magistrado)

Existen posturas críticas, como la de Enrique López, relacionadas con la protección de estos derechos, que a su parecer se violan constantemente por las empresas informativas de forma impune. Y el magistrado apuesta por:

 “una necesaria reforma o incluso sustitución de la ley reguladora de la protección del honor y resto de derechos de la personalidad, la cual data de 1982, y mucho han cambiado las cosas desde aquel momento, tanto en el concepto de la defensa de estos derechos, como en los instrumentos que pueden provocar su lesión.”

Pero existen también posturas contrarias, que defienden, por ejemplo, el uso de cámara oculta para desvelar asuntos de relevancia pública (que suelen ser las postura de los empresarios). Ésta postura suele también apoyar la autorregulación de los medios.

En cuanto al segundo caso; informar, es decir, ofrecer información veraz y relevante públicamente, no puede ser requisito obligatorio para el periodista. Los ciudadanos sólo pueden exigir esta información comprándose un periódico u otro o incluso manifestándolo en voz alta, como la Plataforma Periodismo Ético Ya, no pueden acudir a la justicia.

Sin embargo, por abstracto y absurdo que nos parezca, esto tiene todo su sentido jurídico. Por un lado, materialmente es imposible y, por otro, no se puede coartar a los periodistas a la hora de decir qué y cómo se publica en los medios de comunicación. Con respecto a esto, Joaquín Uribe  dice lo siguiente:

“Más allá del argumento puramente utilitarista, hay que señalar que convertir la veracidad no ya en un requisito para disfrutar de la protección constitucional, sino en una condición de legitimidad de cualquier información atentaría contra el principio de libertad que informa todo el artículo 20 CE. Una cuestión es que la Constitución sólo ampara las informaciones veraces y otra muy distinta que todas las inveraces queden automáticamente prohibidas” (…) “No se trata de perseguir informaciones mendaces, sino informaciones dañinas” (Joaquín Urías, “Lecciones de Derecho de la Información”).

Por tanto, somos los periodistas los que personalmente debemos luchar por la difusión pública de información responsable, frente a las exigencias informativas del mercado, frente a las exigencias de nuestros directivos o frente a las exigencias de los clientes. Reivindicar nuestra función y renovarla, sin atarnos a una regulación demasiado estrecha. Como dijo un profesor de la Pompeu Fabra durante el “Congreso de Ética de la Comunicación” en la Facultad de Comunicación de Sevilla “la profesión de los periodistas está entre la de los médicos y las prostitutas”; no puedes pretender crear normas rígidas para algo tan libre como es la libertad de información.

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