La mariposa de Oriente


Ética de la Comunicación
junio 10, 2011, 7:38 pm
Filed under: Empresas y ética, Empresas y entorno, Empresas y regulación

Tuve la oportunidad de asistir al I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación, aquí, en nuestra facultad. Olvidé publicar esta crónica en su momento, pero espero que os haga reflexionar sobre las empresas informativas. Desde mi punto de vista, las diversas posturas que salieron a la luz durante los debates coincidían y confluían en un punto: el rechazo absoluto de la excesiva desregulación y liberación de los medios de comunicación.

EL DES-CONCIERTO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

¿Qué es la ética? ¿Dónde se ha quedado la ética? ¿Qué esperan los ciudadanos de los medios de comunicación? La Facultad de Comunicación abre sus puertas al I Congreso Internacional de Ética de la Comunicación para resolver todas estas cuestiones.

 Los medios deben construir una ciudadanía crítica, responsable e informada”, recita Victoria Camps, y fuera, en el campus, sigue lloviendo. Los académicos entre el público quieren oír más; las soluciones y las vías para cambiar el mundo de la comunicación. “El periodismo ciudadano” “La autorregulación” “los Consejos Audiovisuales” “La Wikipedia como ejemplo de que juntos podemos construir el conocimiento”. Las once y media de la mañana. El primer día. Empieza la cuenta atrás.

 Inmanuel Kant y Jürgen Habermas también asistieron todos los días al Congreso. Pero invisibles se ocultaron en los power point, en las mentes e incluso en algún maletín anticuado. Y es que el pasado silenció el presente: el racionalismo, la autodisciplina, el camino erguido y la Aguja Hipodérmica, siempre acompañadas de la coletilla preferida de todos los ponentes: la ética de.

 Pero… ¿cómo podría darse la comunicación ética? Según Hugo Aznar, si las empresas informativas dejaran de reproducir las estructuras de la economía de mercado. Según María Antonieta Rebeil, de la Universidad de Anáhuac en México Norte, omitiendo las escenas violentas de las series policíacas. Y según profesoras como Elena Real, de la UCM, la solución reside en la  institucionalización de la profesión periodística. Y las pelotas se estuvieron tirando de un tejado a otro, tres días seguidos.

 El público, mayoritariamente compuesto de ponentes, también opinaba de forma distinta. Para Dardo Gómez, el problema está en la precariedad del comunicador; para Alsuis “la profesión del periodista está entre la del médico y la de la prostituta”. Y para el único catedrático de Ética de la Comunicación de España, el Dr. Porfidio Barroso Asenjo, la persona más emocional de estas conferencias, todo está en la esencia y disciplina del hombre.

 Así, los tejados de la ciudad se secaron el primer día, pero bien embarrizadas quedaron las empresas informativas, los periodistas, los productores de las series, Antena 3, El Diario de Patricia y el fotoperiodista que capturó a la imagen de Esperanza Aguirre en la camilla del hospital. No han sido pocas las violaciones de los medios por parte de los medios, esa fue nuestra conclusión. Pero tres horas antes de que acabara todo, nos seguía faltando algo. Algo muy importante. 

 No fue lo poético, gracias al profesor Manuel Ángel Vázquez Medel, que nos habló del amor y el diálogo; no fue lo racional y lo filosófico, culminado por Enrique Bonete, profesor de la Universidad de Salamanca; tampoco fue lo publicitario, que bien se resolvió en la ponencia de Manuel Parés Maicas de la Universidad Autónoma de Barcelona, sino la voz de la sociedad. ¿Qué espera la ciudadanía de la ética de los medios de comunicación?

 Es una respuesta difícil, incluso para los académicos y los investigadores aquí presentes. Quizás no se resuelva haciendo encuestas jeroglíficas a los ciudadanos, quizás tampoco experimentando con ellos o tratando de averiguar sus costumbres mediáticas. “La respuesta está en el espacio público, en la política, no en la ética”, y así finalizó el acto con el profesor Francisco Sierra, y con los  periodistas Roberto Montoya y Lola Fernández Palenzuela. Empieza la cuenta hacia delante.

Os dejo con algunas reflexiones de Victoria Camps sobre la educación, una de las ponentes que quizás indagó más en la posibilidad de que los medios re formularan su papel educativo en la sociedad.

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¿Somos los periodistas médicos o prostitutas?
junio 9, 2011, 2:57 pm
Filed under: Empresas y ética, Empresas y entorno, Empresas y regulación


Las empresas informativas se enfrentan quizás a una mayor regulación que otras empresas. Su producto es de vital importancia para la sociedad en general: en términos de mercado, en términos culturales, en términos (permítanme la redundancia) sociales, tecnológicos, ecológicos (como vimos en el post anterior), etc. Pero también en términos políticos, jurídicos y, en definitiva, constitucionales. Esto es, la información permite la existencia del Estado Democrático: los ciudadanos tienen que estar informados para votar y controlar a las instituciones públicas que lo conforman. Asimismo, el artículo 20.1 CE en sus apartados a) y d), que recoge las libertades de información y expresión, fundamentales para nosotros, los periodistas, entra en constante conflicto con otros derechos fundamentales:

“La tensión entre los derechos de la personalidad del art. 18 y el de libertad de expresión ha sido contante fuente de conflictos; hasta ahora, la prevalencia de las libertades de expresión ha sido la regla general, y ello no es negativo, las libertades de expresión son básicas en un estado democrático, pero no lo es menos la defensa de la personalidad del ser humano. La libertades de expresión e información, han de estar inspiradas por los principios de veracidad, interés público y tratamiento adecuado de lo que se divulga; la veracidad, que no verdad, exige una comprobación razonable de la noticia, al margen de que puedan producirse errores, y esto también es predicable de los comentarios que se hacen de personas en concreto, y máxime cuando se vierten desde programas televisivos donde se pretende ejercer el derecho a la información”. (Cuestión de honor; por Enrique López, Magistrado)

Así, los periodistas se enfrentan a dos retos: 1) no violar los derechos del honor, la intimidad, la imagen y de los menores y 2) sostener la democracia informando a los ciudadanos y concienciándolos de forma crítica.

En lo que se refiere al primer caso, los ciudadanos pueden, por tanto, reclamar individual o colectivamente (si se trata de un colectivo o asociación afectada) la protección de estos derechos fundamentales, que, como he dicho anteriormente, suelen entrar en conflicto con el derecho de la información. Y es que la consideración social y moral, y dignidad de los individuos es fundamental para la convivencia en la sociedad y, por tanto, para el Estado.

“Nos enfrentamos a programas de televisión en los que se discute sobre la orientación sexual de una persona, o sobre sus relaciones familiares, o sencillamente se siembran dudas sobre todo ello, o vemos cómo se procede a detenciones de personas sin tratar de evitar que se produzca el menor menoscabo de su fama o reputación. El honor es un bien inmaterial, que se asocia al concepto de dignidad humana, que consiste en el buen nombre que tiene una persona por su comportamiento individual y social. El cuestionamiento injusto y desmedido de la fama y reputación de una persona se convierte en la peor de las cárceles. (…) Como diría Ortega y Gasset, hemos evolucionado del honor al contrato como garantía del cumplimento de nuestras obligaciones, pero ello no supone que el honor y su defensa también deban hacerse bajo contrato; una sociedad democrática tiene que garantizar el honor de sus ciudadanos de forma especial, porque el honor y la intimidad conforman la personalidad del ser humano”. (Cuestión de honor; por Enrique López, Magistrado)

Existen posturas críticas, como la de Enrique López, relacionadas con la protección de estos derechos, que a su parecer se violan constantemente por las empresas informativas de forma impune. Y el magistrado apuesta por:

 “una necesaria reforma o incluso sustitución de la ley reguladora de la protección del honor y resto de derechos de la personalidad, la cual data de 1982, y mucho han cambiado las cosas desde aquel momento, tanto en el concepto de la defensa de estos derechos, como en los instrumentos que pueden provocar su lesión.”

Pero existen también posturas contrarias, que defienden, por ejemplo, el uso de cámara oculta para desvelar asuntos de relevancia pública (que suelen ser las postura de los empresarios). Ésta postura suele también apoyar la autorregulación de los medios.

En cuanto al segundo caso; informar, es decir, ofrecer información veraz y relevante públicamente, no puede ser requisito obligatorio para el periodista. Los ciudadanos sólo pueden exigir esta información comprándose un periódico u otro o incluso manifestándolo en voz alta, como la Plataforma Periodismo Ético Ya, no pueden acudir a la justicia.

Sin embargo, por abstracto y absurdo que nos parezca, esto tiene todo su sentido jurídico. Por un lado, materialmente es imposible y, por otro, no se puede coartar a los periodistas a la hora de decir qué y cómo se publica en los medios de comunicación. Con respecto a esto, Joaquín Uribe  dice lo siguiente:

“Más allá del argumento puramente utilitarista, hay que señalar que convertir la veracidad no ya en un requisito para disfrutar de la protección constitucional, sino en una condición de legitimidad de cualquier información atentaría contra el principio de libertad que informa todo el artículo 20 CE. Una cuestión es que la Constitución sólo ampara las informaciones veraces y otra muy distinta que todas las inveraces queden automáticamente prohibidas” (…) “No se trata de perseguir informaciones mendaces, sino informaciones dañinas” (Joaquín Urías, “Lecciones de Derecho de la Información”).

Por tanto, somos los periodistas los que personalmente debemos luchar por la difusión pública de información responsable, frente a las exigencias informativas del mercado, frente a las exigencias de nuestros directivos o frente a las exigencias de los clientes. Reivindicar nuestra función y renovarla, sin atarnos a una regulación demasiado estrecha. Como dijo un profesor de la Pompeu Fabra durante el “Congreso de Ética de la Comunicación” en la Facultad de Comunicación de Sevilla “la profesión de los periodistas está entre la de los médicos y las prostitutas”; no puedes pretender crear normas rígidas para algo tan libre como es la libertad de información.